Icaros Sagrados

En busca del ayahuasca
Por: Giancarlo Luna-Peralta Román

A la vuelta de mi primer, y hasta la fecha, único viaje a Iquitos (Amazonía peruana); me aventuré a experimentar en la toma de Ayahuasca -madre sagrada de todas las plantas medicinales-, qué sensaciones podrían venir a mi mente y corazón, qué cosas podría enfrentar y qué solucionar.

Así empezó la experiencia, así comenzó mi viaje. A hora y media de viaje en deslizador por el Río Amazonas y luego por la orilla del Río Tamshiyacu, desde la calurosa ciudad de Iquitos se encuentra ubicado el Refugio Altiplano, lodge turístico de propiedad de Scott Petersen (antropólogo norteamericano y entrañable guía y amigo que quedó encantado con la selva peruana, su gente y por supuesto con el Ayahuasca). Me interné por siete días en el Refugio en donde realicé cuatro sesiones de Ayahuasca dentro de la casa de ceremonias: una maloca de por lo menos 20 metros de diámetro. Bajo la supervisión de Scott y Walter, este último chamán de la tribu de los shipibos y encargado de dar rienda suelta a los Ícaros -cantos sagrados durante la ceremonia en lengua shipiba- Ambos con amplia experiencia en la toma de Ayahuasca, dirigieron el grupo, entre ellos, un australiano, un sudafricano, dos inglesas, una italiana y por supuesto yo.

Camino de curación
En mi primera sesión, la Ayahuasca me tomó literalmente en sus brazos (mi conciencia estaba fuera de mi cuerpo) y no me soltó hasta que se aseguró de que el trabajo que debía hacer en mí, quedaba hecho. Nada más empezar el mareo, unos duendes, gárgolas y demonios se dirigían a mi desde el medio de la selva, cada uno de ellos representaba algún temor de mi vida pasada, actual y de la que se perfila en mi futuro; ellos querían atemorizarme, gran parte de la sesión luché y luego me vacilé literalmente de ellos y con diferentes actitudes continué mi camino de curación.

De pronto estaba yo en las estrellas cuestionándome si era de Venus o de Marte, por allí me respondieron que venía de otro lugar, de otro planeta, algo así como Urania; luego tuve una conversación profunda con seres del espacio, unos alienígenas que se comunicaban conmigo por telepatía y me inspiraban gran confianza, ni modo continué mi viaje con ellos y les pregunté sobre mi lugar de origen, sobre mi misión en esta vida y sobre mi existencia en el planeta Tierra. Continuaba yo entre las estrellas, admirando la gran creación divina y recibiendo mensajes de diversas constelaciones, planetas y galaxias.

Definitivamente estos seres me inyectaron una sobredosis de fortaleza y confianza para seguir con mi camino, entonces iba hacia una facilidad extrema, de la Pachamama al Cosmos y viceversa (en sesiones posteriores caí hasta el centro de la tierra, salí entre vendajes y huacas, fue toda una odisea). En este viaje por el Cosmos estuve casi una hora o más, de pronto volaba después de desplegar mis grandes alas doradas al encuentro con los ángeles, al encuentro con los mensajeros de Dios. Sentí una gran paz que inundaba mi ayahuasqueado ser, un sentimiento de admiración, de ternura, y sobre todo de comprensión de mis amigos alados hacia mi. Me cuestionaba muchas situaciones de mi vida y decisiones en diversos aspectos que en algún momento en mi vida racional y lógica tuve que tomar.

Los ángeles me conducían por un sendero de estrellas, hasta que llegué a un vacío sin fin en donde se proyectaba una voz, La Voz Divina , era ese mismo: Dios, por momentos estaba yo ante su presencia y sus manos sanadoras que sanaban este frágil cuerpo, esta frágil alma, este frágil espíritu con una luz brillante me enviaba rayos de protección y afecto. En el Trip al Cosmos entendí muchas cosas y todo tipo de fenómenos que yo había enfrentado en mi vida y en mi entorno. Mi relación con el periodismo, la astrología, el esoterismo, la publicidad, la poesía y todos mis oficios y pasatiempos

Al encuentro de la Pachamama
La segunda sesión -desde todo punto de vista- fue la que más me conectó a la Tierra , la energía materna, mis raíces y a todo lo que significa el cariño de una madre...toda una alquimia cuyo resultado es el rostro de Dios en nuestra vida. Además, en la segunda noche hubo toda una integración de mi energía yan yin, las polaridades de la vida, mi parte femenina y masculina, el día y la noche, el bien y el mal, la libertad y la dependencia, tanto afectiva como material.

También sané de diversas indiferencias que tuve en algún momento con algunos seres o situaciones que se dieron y que no enfrenté en el momento indicado. Sané la parte derecha de mi cuerpo y la integré con bastante facilidad a la parte izquierda entre alucinaciones y concepciones vividas en la primera sesión. Mi cuerpo esa noche se relajó demasiado, empecé de algún modo a ser consciente de cada músculo, de cada hueso, de cada vértebra, de mis venas, de mis arterias, de mi sangre, piel y demás componentes humanos tangibles. Llegué a un momento en el que decidí cuidar más mi templo, ese templo que nació en el momento de la concepción; momento que tuve muy presente esa noche pues con facilidad pasé por un estado de regresión desde mi vida presente a otras tantas, supuestamente vividas en el pasado y en diversos lugares y paisajes.

En la noche de la Pachamama , la mareación (entiéndase mareación por el momento y síntoma bajo la influencia de la Ayahuasca ) empezó a bajar poco a poco, hasta que nuevamente me iba integrando a la realidad y poco a poco aterrizaba, bastante agotado física como emocionalmente, hasta que la Ayahuasca me apaciguaba con su generosidad y me hacía entrar en contacto con todo y todos pero en un estado de silencio en donde estaban mis sentidos de alerta y análisis al máximo. Inclusive pude penetrar en otras personas y en sus sensaciones a través de mi ya desarrollada intuición, de la mano de la raíz y los ícaros que finalizaban poco a poco.

A lo lejos, se desvanecía el olor de agua florida, jazmín, tabaco y otras esencias y podía distinguir con mucha más rapidez y seguridad la luz de las velas dispuestas en el centro de la maloca que anunciaban que la sesión había terminado. Por supuesto tuve millones de visiones y sensaciones de diversa índole que sólo cada uno debe experimentar. Hubo desde cosas muy íntimas y sutiles hasta cosas muy concretas y visibles.

Cuarzo Rosado: El Corazón
Las dos últimas sesiones fueron las más difíciles. Se trataba de mi razón de ser, de mis objetivos por alcanzar y otros ya alcanzados. Retos nuevos. Vencidos los demonios y gárgolas –que representaban los conflictos en mis alucinaciones- en compañía de ángeles y de seres espaciales, me llené de convicción. Así empezó todo, pero de un momento a otro colapsé por diversas sensaciones encontradas: Guerra de pasiones, sanar el chakra corazón, curar mis ilusiones y desilusiones, trabajo difícil pero no imposible... aprender a respirar, a ser paciente.

Qué agotadoras resultaron estas sesiones, pero fueron parte de mi destino, pues podría enfrentarlas convertido en mariposa azul y luego en elefante. Caminé por ríos, lagunas, pantanos, bosques, desiertos, formando mi personalidad, moldeando el corazón con luz rosada y verde que venía del cosmos y de manos divinas; dando rienda suelta a mis virtudes y dejando de lado temores... difícil pero no imposible. Era una noche de cielo estrellado, caminaba libremente en el interior de mi corazón que algo herido reventó en llanto por un momento.

En poco tiempo el elefante se levantó y continuó su búsqueda convirtiéndose en una bella mariposa azul. Descubría mi identidad y me repetía que era un aprendiz de la vida. Mi corazón y mi respiración eran uno, de ese modo me conectaba al universo. La mariposa azul simbolizaba mi despegue y mi liberación de episodios del pasado que sólo la Ayahuasca comprendió.

La tercera y cuarta sesión estuvieron integradas, el elefante y la mariposa.

Aunque en la noche estaban las mismas estrellas, en la maloca los mismos compañeros de ruta, mis manos eran las de siempre; veía todo y a todos de otra manera, se respiraba sinceridad, la verdad de la selva atravesaba mis poros, verdad que nacía del amor por uno mismo, por los demás y por la creación. Esa noche y los días posteriores, los concebí como parte de una vida nueva. Al salir de ese ensueño experimenté un renacimiento, la sensación de haber pasado por un útero, el Útero Cósmico. Me sentía fuerte y quería jugar, con la sensación de que tenía mucho que aprender. A pesar de estar agotado, estaba tan expectante de cualquier ruido o movimiento. La selva hablaba, los animales, las estrellas, las personas, el viento. Ver todo en armonía y verme armonizado era fantástico.

Todo lo que empezó como una aventura -con cierto temor e idea de huir y regresar a Lima para continuar con mi vida- fue toda una renovación espiritual y corporal. Hubo en mí un equilibrio de chakras, reconocimiento y aceptación de diversas áreas de mi vida, además estuvo presente la kundalini que serpenteó en las últimas sesiones. El contacto con los ícaros y con el Ayahuasca me dejó aire nuevo, tierra nueva, agua nueva y nuevo fuego interior que se reencontró con la verdadera esencia del amor, al séptimo día en las orillas del Tamshiyacu, cuando apareció a despedirme una mariposa azul. Al fin, libertad.

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